viernes, 16 de octubre de 2009

La noche de TelAviv

Después de nuestra inversión de veinte Euros en el espectáculo de los trileros seguimos en dirección hacia el sol que nos debería de dirigir hacia el Oeste y por tanto a la playa y nuestro hostal donde habíamos dejado las maletas.

La teoría desde luego, era correcta, pero por supuesto que no era el camino más corto. Después de mucho andar acabamos encontrando el mar en Jafa. Jafa era la ciudad árabe a cuyo norte se fundó TelAviv.
Desde allí nos tuvimos que dar otro buen paseo hasta llegar al hotel, pero al final lo conseguimos. Nos dimos una ducha y nos fuimos a dar una vuelta por la noche de TelAviv.

Después de cenar acabamos en una terraza de un garito en el que no había nadie más que la camarera y nosotros. Nos estuvo comentando que por la noche había fiesta Latina y que a partir de las once o doce eso se llenaba de gente con ganas de bailar.

Nosotros seguimos charlando tranquilamente y en efecto eso se fue llenando cada vez más. Primero llegó un grupo que parecía de turistas anglosajones, luego unas rusas, luego empezaron a llegar los clientes más sorprendentes de todos. Para empezar un chicano brasileño con sus dos colegas negros, pensábamos que serían animadores para sacar a bailar a las judías, pero que va…. estaban allí tomándose sus cervezas, luego vimos a una argentina colega de los anteriores. A nuestro lado se sentaron dos chicas más que hablaban castellano. Ante mi curiosidad innata, también las pregunté que de dónde eran y qué hacían allí.
Una era de Lima y la otra brasileña. Muy orgullosas decían que estaban en Israel porque eran judías y que vivían allí.
A mi esto ya me parecía la leche. Toda la comunidad sudamericana de TelAviv se juntaba allí para bailar salsa. Hasta los brasileños habían aprendido a hablar castellano para comunicarse con los demás y sin embargo y en lugar de sentirse sudamericanos, aún se sentían judíos.
Así como sí que se veía que el ser sudamericanos les unía en muchas cosas, el hecho de ser judíos, si realmente lo eran, no parecía unirles en nada más que las ganas de ser admitidos en su nueva sociedad.

Entiendo que con la comunicad rusa pasará algo similar, en Haifa vimos muchísimos carteles escritos en ruso puesto que hay muchos que no saben hablar hebreo.

Cuando acabamos nuestro estudio sociológico de aquella muestra de población, nos tomamos un perrito caliente y un felafel respectivamente y nos fuimos a la cama. 

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